No quisiera yo..

septiembre 8, 2009

Que me tiraran dos besos, uno por mejilla. Regresar a un cajón sin ropa. O toparme de nuevo con una cenicienta de saldo y esquina. O sobre todo que me abandonaran como a los zapatos viejos. La realidad es que ocurre. Y no puedes hacer nada. Y de pronto te das cuenta de que no te apetece que te lo vuelvan a hacer. Recuerdo, cuando pensaba acerca del amor con unos 12 años, que lo imaginaba como algo que no caducaría. Perenne. Y fácil de tratar. Si te gustaba una chica, lo decías y ya está. Ahora los sentimientos se guardan, como si fueran muñecas rusas que van unas dentro de otras, y donde la que se ve, actúa como cebo para disimular el verdadero sentimiento. Sin embargo las canciones de amor inundan el youtube, todo el mundo busca dos frases en las que poder identificarse… La búsqueda de lo que te pasa a ti en una canción. A partir de ahí, esa canción se te queda tan metida dentro, que se graba como si fuera un tatuaje, y estoy seguro que cuando sea mayor, viejo, y arrugado, aún una sintonía me llevará a una cara, o a un momento. Y entonces me diré… Debiste actuar de tal manera. Es la magia de la vida. Que cuando la has comprendido, acabas muriendo irremediablemente…

Carlos Chaouen – Buenos Aires

julio 17, 2009

De Buenos Aires a Madrid sólo hay un charco
Y desde ti hacia mí no salen barcos
Espero que seas feliz, pero no tanto
Como lo éramos aquí, siempre volando
Cada noche en la ventana riego las flores
Por ver si ellas supieran algo de tus amores
Y me voy a dormir, entre cartones
Busqué las mieles de tu voz entre mis dudas
Que no hay amor que sea amor si no es con lunas
Quiero volverme a clavar, pon tú los lazos

Que estoy dispuesto a morir entre tus brazos
Las mañanas tan cansadas, follando tanto
Las neuronas entregadas, siempre buscando
Y me voy a dormir, entre pecados

Tengo los dedos amarillos
Y el hígado color asfalto
Sigo haciendo canciones
Sigo fiel a los lavabos
Y ahora duermo con enemigos
Y los pulmones encharcados
Los ojos con el brillo
De suspiros derramados
Yo no tengo memoria, tengo una corona de espinas
Cada vez que te pienso vuelve a supurarme la herida
Los clavos de mi cruz son restos secos de tu saliva
Yo no tengo memoria tengo una corona de espinas
Tengo los dedos amarillos
Y el hígado color asfalto
Sigo llorando sangre
Sigo fiel a los lavabos
Y ahora duermo con enemigos
Y los pulmones encharcados
Los ojos con el brillo
De suspiros derramados

La Isla de lo Tremebundo

julio 8, 2009

Aquel día el sol reinaba en todos los campos de la isla. Los pequeños habitantes del campo con el que finalizaba la gran montaña Enmedio se habían reunido para decidir lo que debían hacer ante el aviso del vecino 122 acerca de que mil doscientas nubes cubrirían la isla durante los próximos 60 años. El Supremo Rural alzó su pequeño bastón hecho con cañas de bambú sobre el que se erigía una pequeña cabeza del gusano tropical, especie que sólo contaba con 200 unidades en el mundo conocido. Apartó uno de sus rizos dorados y comenzó a hablar con aquella voz temblorosa que le caracterizaba. Todo el mundo lo atendió con la mayor quietud jamás conocida. Sólo un pequeño viento ululaba desde el norte de la isla, que seguramente provendría de las corrientes que se formaban en el río Guadalupe, que cruzaba el territorio de este a oeste. La situación es desesperada para el que sea supersticioso. La realidad es que nuestro querido vecino 122 nunca ha fallado en sus predicciones. Pero hasta ahora, la mayoría de las veces habían sido buenas, mientras que las malas apenas habían intervenido en nuestros planes de vida. En esta ocasión, si su pensamiento del futuro finalmente se cumple sería una fatal noticia para nuestra comunidad, que tendría que volver a reconfigurar su forma de vivir. Estamos ante un momento crucial para nuestra sociedad. Y debemos estar unidos.  Rápidamente una multitud de aplausos y ánimos vociferantes se escucharon en toda la isla. Y el sonido llegó hasta la ciudad céntrica de la isla, donde aquel martes hundía a sus habitantes en sus trabajos menos agradables.

El puerto se había abierto para los barcos que venían de los países exteriores. Nunca se sabía quién podía aparecer. La verdad que las relaciones exteriores de la isla de lo tremebundo no eran las mejores. Por eso jamás habían tenido un embajador en tierras extrañas, y sus informes nunca habían cubierto nada más allá del territorio isleño. Hasta ese momento no habían sufrido ninguna agresión extraña. Todas sus guerras se contaban como civiles y entre hermanos de la misma isla. El aislamiento había sido tal que comían diferente al resto del mundo, hablaban con otro idioma, besaban con distintos órganos e incluso tenían herramientas tecnológicas que nunca se habían visto fuera de la Isla de lo Tremebundo. En aquel momento ursviva caminaba hacia su trabajo. Hoy martes era día de realizar actividades desagradables. Los trabajos eran divididos entre agradables y desagradables. Usrviva trabajaba de presidente del gas de la isla cuando su trabajo era apetecible, mientras días como ese martes se dedicaba a limpiar las tuberías del puerto donde se quedaban atrabapados peces, contenedores de basura marítima, joyas del África más profunda, panfletos con la publicación de los derechos humanos y distintas dignidades de algunos de los jefes más importantes de los países adyacentes. Desde que los del campo pelearan contra los de la ciudad hace unos 10 meses, la sociedad había cambiado mucho. Las fronteras habían cercado el monte de Enmedio, y las familias habían quedado separadas. Usrviva, cuando era presidente del Gas apoyaba estas medidas, pero cuando limpiaba las tuberías del puerto prefería que todo se arreglara y volviera a ser como antes.

La impasividad dinámica de las cosas que se presentaban aquel martes presagiaba que algo cambiaría. La isla lo sabía. Incluso la oscuridad del norte lanzó un grito perenne para los memoria de los isleños. Mientras tanto la paz dormía placidamente en la cuna de aquel demonio del sur.

En un vagón

julio 6, 2009

Es un lugar frío a pesar de que por ellos pasan todos los días miles de personas. Sus bancos suelen estar enfrentados incitando al contacto humano. Pero nunca lo hay. Las fantasías avanzan entre las cabezas y sobacos de las personas que lo habitan. El sonido de cada parada es un simple paréntesis al pensamiento de las personas solitarias. La soledad en este lugar es la situación más habitual. Y la más especial.

Aquella chica vestía reluciente. El brillo de sus ojos enamorados, su cara pintada con tal sutileza que bien parecería que lo hubiera hecho con amagos frente al espejo, su bonito vestido veraniego que dejaba al aire su espalda incitando a la imaginación, y su pelo donde aún se podía ver el movimiento del cepillo de arriba a abajo. Mirada inquieta, calor en su cuerpo, tobillos delgados. Su entrada fue una más. Pisaba con fuerza pero con discrección. Sabía de su atractivo y él lo sintió mientras leía una de las últimas páginas de su libro.

Sus miradas se encontraron sin dificultad. Un vagón vacío a pesar de la multitud, los rodeaba. Fueron 5 paradas perfectas. Un amor de ida y vuelta los sobrepasó. No hablaron, no besaron. Sintieron el enigma y el misterio. Cada uno imaginó la vida del otro. Canciones perfectas acentuaban la situación en sus mentes. El sexo más salvaje y hermoso avanzó por sus cuerpos sin dilación. Quedaba poco tiempo para imaginar. Una vez que se separaran en sus destinos, no se volverían a ver. De repente ella se levantó. Su vida la esperaba. Ya le había dejado suficiente tiempo para su recreo. Había quedado con su novio para cenar. En cuanto volvió al andén, aquel joven imperfecto y misterioso salió de su mente. Y de nuevo tuvo que esperar a la próxima vez que se monte en un vagón, para disfrutar de aquellos cinco minutos donde su mente volverá a bajar intesamente la boca de metro, para olvidar todo lo que la esperaba en la superficie.

 

metro

Allí estaba ella

julio 3, 2009

La veía sin darme cuenta. La encontraba tras 8 horas a oscuras. De pronto nacía. No tenía que hacer nada más. Sólo respirarla. El ritmo frenético de unas 7 de la mañana de un día cualquiera de junio me hacía sentirme descolocado. Inútil ante los demás.

Unas veces la olía, otras la palpaba, y en contadas ocasiones fui capaz de tocarla. Pero era imposible abarcarla en toda su magnitud. Lo mejor que podía hacer era concentrarme en sus tentáculos que llegaban a mi sin necesidad de acercarme. Se me presentó como Barcelona. Daba igual su nombre. Ya estaba embriagado por todo lo que aún no había conocido. No hay nada más atractivo que aquello que no sabes qué es. Y ella tenía mucho de ello.

Estaba de pie y tumbada. Dormía y saltaba. Corría y andaba. Yo poco podía hacer. Simplemente verla, descubrirla y saborearla. Unas palabras sobre ella quizá sean una forma de devolverle lo que pueda darme. Simplemente será un intento.

 

Barna1


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